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UNA REFLEXIÓN ANTES DE EMPEZAR

Queridos alumnos y queridas familias de la comunidad educativa del IES Lucus Solis:
En primer lugar, esperamos y deseamos que todos estéis bien y también vuestras familias y amigos.
Tras una semana de descanso de las tareas de estudio, comenzamos el tercer trimestre del curso 2019-2020 en medio de una situación sin precedentes en los últimos siglos. En medio de una pandemia que se ha cobrado ya demasiadas vida…


Una situación que todos nos hemos visto obligados a enfrentar y que debemos manejar de la mejor manera que sepamos y podamos. Las tres primeras semanas han sido frenéticas; todos estábamos bastante desconcertados y probando la manera de continuar con nuestra actividad lectiva, de la forma más parecida a lo que veníamos haciendo cuando teníamos clases presenciales. Pronto nos dimos cuenta de que eso no era tan fácil ni tampoco era posible y nos encontramos en medio de una cantidad excesiva de tareas que no dábamos abasto a realizar o a corregir. Decidimos aflojar el ritmo, para hacerlo más asequible a nuestras posibilidades reales y combinarlo con el “aprendizaje” de la nueva situación. Tras otra semana adicional, la de vacaciones de Semana Santa, creo que hemos aprendido algunas cosas que nos pueden ayudar a afrontar el trimestre que hoy empieza.
Por una parte, hemos tomado conciencia de la dimensión real de la pandemia y de lo que ello conlleva: de momento, más tiempo de confinamiento del que habíamos imaginado al principio y también mucha incertidumbre en cuanto a cuándo y cómo volveremos a retomar la actividad normalizada.
Por otra, somos conscientes de que debemos gestionar nuestro confinamiento de una manera razonable. Hemos de reorganizar nuestras prioridades, pues casi de un día para otro, la vida que llevábamos y que parecía totalmente garantizada, ha desaparecido y conservar nuestra salud, tanto física como mental, se ha convertido en nuestra prioridad número uno, desplazando todo lo demás a segundo lugar.
Sin embargo, todo esto pasará y, de un modo u otro, volveremos a salir y retomaremos nuestra actividad. La cuestión es que no seremos los mismos ni estaremos en la situación en que lo dejamos: ha transcurrido un tiempo en el que muchas cosas han cambiado y nosotros habremos cambiado también. No podemos, por tanto, sentarnos a esperar a que llegue el día en el que todo volverá a ser como antes, porque ese día no llegará, llegará otro distinto y debemos prepararnos para ello, creciendo como personas y como estudiantes.
Entre toda la información que nos ha ido invadiendo nuestros Whatsapps estas semanas, hemos sabido de la importancia que tiene mantener una rutina, para mantenernos activos, ocupados y dándole sentido a nuestro día a día. Y en esa rutina, tenemos que colocar nuestra actividad de estudio. Si bien es cierto que en estos momentos no sabemos cómo se va a ser el final del curso ni qué va a ocurrir con los exámenes, no lo es menos que no podemos quedarnos parados ni estancados donde estamos ahora. Hemos de seguir avanzando, no porque nos van a examinar, sino porque debemos avanzar y estar preparados para cuando volvamos a nuestra actividad presencial. Con qué herramientas vamos a contar en ese momento, dependerá de lo que cada uno de nosotros hagamos para adquirirlas, aprendiendo a hacerlo de manera conjunta y cooperativa. Todos tenemos que aprender a la vez y tendremos que optimizar los recursos con los que contamos, que no siempre son los que serían necesarios. Necesitamos hacer un ejercicio de empatía y comprensión de la dificultad que esta situación entraña para todos y, aún así hacer lo mejor que cada uno pueda, pues al final ese será nuestro equipamiento para afrontar el regreso a la “normalidad”.
Para terminar, me gustaría recurrir a otra frase bien conocida, y es que toda crisis también se puede ver como una oportunidad. Cuando esto termine, estaremos ante la oportunidad de decidir qué mundo queremos a partir de ahora, ya que habrá que reconstruir todo lo que la pandemia se ha llevado por delante, incluyendo nuestro sistema de vida basado en la competencia, la producción siempre creciente y el consumo. Tal vez si optamos por un sistema más cooperativo, en el que la responsabilidad individual como ciudadanos y la solidaridad que hoy sentimos hacia quienes se están ocupando de nuestra salud en primera línea se hiciera extensiva al resto de conciudadanos, estaríamos ante un panorama más prometedor; no prometedor de riqueza económica tal vez, pero seguramente sí de una vida más sostenible y más humanizada para todos, en la que la prioridad fuera nuestra propia vida, quizás más sencilla, pero también más sostenible.
Este hermoso poema de Alexis Valdés, escrito a propósito de nuestra situación actual, pone letra a lo que todos seguramente sentimos.

Esperanza
Cuando la tormenta pase

Y se amansen los caminos

y seamos sobrevivientes

de un naufragio colectivo.

Con el corazón lloroso

y el destino bendecido

nos sentiremos dichosos

tan sólo por estar vivos.

Y le daremos un abrazo

al primer desconocido

y alabaremos la suerte

de conservar un amigo.

Y entonces recordaremos

todo aquello que perdimos

y de una vez aprenderemos

todo lo que no aprendimos.

Ya no tendremos envidia

pues todos habrán sufrido.

Ya no tendremos desidia

Seremos más compasivos.

Valdrá más lo que es de todos

Que lo jamás conseguido

Seremos más generosos

Y mucho más comprometidos

Entenderemos lo frágil

que significa estar vivos

Sudaremos empatía

por quien está y quien se ha ido.

Extrañaremos al viejo

que pedía un peso en el mercado,

que no supimos su nombre

y siempre estuvo a tu lado.

Y quizás el viejo pobre

era tu Dios disfrazado.

Nunca preguntaste el nombre

porque estabas apurado.

Y todo será un milagro

Y todo será un legado

Y se respetará la vida,

la vida que hemos ganado.

Cuando la tormenta pase

te pido Dios, apenado,

que nos devuelvas mejores,

como nos habías soñado.

 

Un fuerte abrazo,
El equipo directivo del IES Lucus Solis.