El 30 de enero se celebra el Día Escolar de la Paz y la No Violencia. Es una jornada educativa fundada en España en 1964 por el poeta y pacifista mallorquí Llorenç Vidal. Es una apuesta por una educación pacificadora que se celebra el 30 de enero de cada año, en el aniversario de la muerte del Mahatma Gandhi.El principal objetivo de esta celebración es la educación para la solidaridad, la concordia, la tolerancia y el respeto a los Derechos Humanos. En este día, todos los centros educativos se convierten en instrumentos de paz y entendimiento entre personas de distinta formación, raza, cultura y religión. 
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No hemos de olvidar que la escuela es un reflejo de una sociedad con la que comparte defectos, pero en ella también se educa para la vida y se busca desarrollar en los alumnos las capacidades y competencias necesarias para una participación social activa. Por todo ello, hemos de contribuir, a través de la educación, a la concienciación de todos en la construcción de un mundo mejor, un mundo más justo y más humano que permita que todos los individuos tengan la misma oportunidad de desarrollar plenamente sus facultades en el seno de una sociedad democrática, libre, justa, responsable y en paz. Todos bajo el mismo sol de justicia y de oportunidad.
Los docentes tienen muchos recursos al alcance de la mano para poder celebrar el Día Escolar de la No Violencia y la Paz. Se pueden realizar muchas actividades tanto dentro como fuera del aula. Este ha sido uno de los motivos por los que nuestra Semana Cultural se ha enmarcado en esta semana tan significativa y simbólica para todos. Además, es una oportunidad de trabajar la paz en varios sentidos: La Paz conectada con la solidaridad, con la capacidad de acogida ante la crisis de los emigrantes, con la superación de fronteras físicas o ideológicas, con la cultura de la tolerancia y el respeto a la diversidad. Si bien es verdad, este trabajo es un trabajo diario que desde las distintas asignaturas adoptan un enfoque transversal.
Los datos son estremecedores: más de 28 millones de niños han sido víctimas de desplazamientos forzosos en todo el mundo. Se han visto obligados a dejar su país por los conflictos y la violencia. Y no son los únicos, otros 20 millones de niños han migrado por otras causas. Casi 50 millones de niños desarraigados, migrantes, lejos de sus hogares, según un reciente informe de Unicef. No lo tienen nada fácil. Para los que huyen de la violencia hay pocas vías seguras para migrar, reunirse con las familias o pedir asilo. Muchos de ellos se ven obligados a ponerse en manos de los traficantes o a poner en marcha peligrosas estrategias para llegar a su destino. Ponen en juego lo más preciado que tienen: su vida y su infancia. Pero...¿qué sucede en nuestro entorno más cercano? Vivimos en un mundo lleno de hostilidades y de un lenguaje a veces envenenado que no ayuda a la construcción de puentes. 
Es hora de pacificar las calles, los barrios, las familias, los centros laborales, las relaciones en general. Sin duda, es una tarea siempre inacabada y difícil, que requiere la mejor versión de nosotros mismos, una actitud vital de compromiso con la paz en todas nuestras acciones, palabras y decisiones.